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El riesgo de subsidencia en Zaragoza, un vecino incómodo al que hay que acostumbrarse

Recientemente se ha dado un nuevo caso subsidencia, o hundimiento del terreno, manifestándose como una sima bajo un edificio en pleno centro de la capital aragonesa, en este caso en la calle Zamoray. La oquedad detectada tiene 3 metros de profundidad y 5 de diámetro. Para hacerse una idea de su magnitud, según estas dimensiones en ella cabría sobradamente un monovolumen de 7 plazas.

El consistorio ha procedido a rellenarla de hormigón, con el fin de poder recalzar la cimentación del edificio que estaba sobre ella. Esta es la estrategia usual en este tipo de casos (pero como ha demostrado la experiencia no siempre la más adecuada). Serán necesarias más de 7 camiones hormigonera, siempre y cuando el peso extra no provoque la abertura de nuevas simas cercanas o provoque un asiento del terreno excesivo.

El tipo de terrenos susceptibles a hundimientos son lo que en el ámbito de la ingeniería civil se denomina como suelos colapsables, y en bastantes ocasiones constituyen un quebradero de cabeza hasta para los profesionales más experimentados. Por desgracia, el riesgo de subsidencia en Zaragoza tiene un largo historial de incidencias.

Los suelos colapsables


Este tipo de terreno, caracterizados por tener una estructura muy abierta y floja, mantienen su estabilidad por el estado de sequedad de la atmósfera. Inicialmente, al ser depositados (por vía acuosa o eòlica, lo que ayuda a formar dicha estructura) no tienen ninguna cohesión, pero acaban cementándose ligeramente por cristales de sulfatos o por rellenarse sus huecos con partí­culas más finas, lo que les da, en seco, una resistencia apreciable.


Estos suelos tienen un comportamiento que varía según el contenido de humedad. Al aumentar ésta, la estructura inicial puede ser destruida, produciéndose una importante disminución de volumen aparente (colapso) y el consiguiente asiento (además de un posible arrastre de partículas por agua con cierta velocidad). A veces, si las zonas superficiales se han encostrado (por depósitos de carbonatos, por ejemplo, o por colapsos antiguos), el colapso y arrastre, y disolución de los iones sulfatos, se dan por debajo de la superficie, formándose cuevas o simas que acaban cediendo al romperse las costras superficiales.

Simas en Zaragoza
Proceso de formación de simas por acción de capa freática. M delle Rose et al (2004)

Esto ocurre, por ejemplo, en las zonas endorreicas en que se encuentran los limos yesíferos del Valle del Ebro; estos limos se han depositado eòlicamente en los fondos de los «valés», con espesores de hasta 15 m, con partículas limosas sujetas por enlaces de sulfatos. El suelo seco presenta una cohesión aparente a corto plazo que permite excavar zanjas con retroexcavadores, quedando paredes verticales con las huellas de la pala.

Soluciones existentes y estrategias preventivas

La solución ingenieril en este tipo de casos es simple en concepto pero implica emplear procedimientos constructivos más complejos y costosos. Se trata de no apoyar la construcción sobre estos suelos colapsables. En estratos de poco espesor se puede recurrir a la excavación del suelo y posterior relleno y compactación hasta alcanzar la cota de cimentación deseada o transmitir las cargas a estratos más estables mediante una cimentación profunda o pilotaje que atraviese los estratos flojos. En algunos casos se ha optado por emplear losas de cimentación de gran rigidez, pero esta solución no siempre es aplicable.

Simas en Zaragoza
Soluciones de cimentación en Zonas kársticas. González Vallejo et al (2002)

Por la alta complejidad y el alto riesgo de construir sobre zonas con este tipo de suelos, la estrategia planteada en los planeamientos urbanísticos a sido clara. No debe construirse en zonas de riesgo patente. Para ello se elaboraron por parte del Instituto Geológico y Minero de España una serie de Mapas de Riesgos Geológicos, en la que se identifican zonas inundables, zonas con riesgo de hundimiento y zonas afectadas por construcciones anteriores, como acequias, murallas, excavaciones, etc. Posteriormente se han realizado numerosos estudios para catalogar zonas con riesgos de colapso por parte de la Universidad de Zaragoza y otras instituciones locales. Uno de los últimos que se realizó fue el Mapa de Susceptibilidad al Riesgo por Colapso, en 2011.

Simas en Zaragoza
Zonas de susceptibilidad de riesgos por colapso en Zaragoza, Gobierno de Aragón(2011)

Sin embargo, y especialmente en áreas ya construidas, es muy difícil detectar las zonas en las que puedan llegar a formarse este tipo de simas. Pero ¿cómo es que se ha llegado a construir en zonas susceptibles al colapso? La razón radica fundamentalmente en que hasta la entrada en vigor del nuevo Código Técnico de la Edificación, no era obligatorio realizar un estudio geotécnico del emplazamiento de la construcción. Por lo tanto, en ocasiones por ignorancia y en otras por negligencia, se desconocía este riesgo.

Por tanto, ¿cuál es la estrategia si ya se ha construido sobre este tipo de suelos? Lo fundamental es evitar la infiltración de agua, ya que es la principal causa de colapso. Esta es una tarea complicada porque, aunque se impermeabilice la superficie para evitar la infiltración de la lluvia, es complejo monitorizar la humedad del terreno bajo la edificación. Además, existe riesgo de fugas en las redes de abastecimiento y saneamiento así como variaciones del nivel freático que, sin dejar constancia, provoquen el horadamiento del terreno.

Efectos de subsidencia en nave industrial. Simón López, José Luis et al (1998)

Es fundamental comprender que, aunque repentino y en ocasiones desastroso, en zonas edificadas es casi imposible de predecir. Por lo tanto, recae sobre los usuarios del inmueble la responsabilidad de notificar cualquier señal de hundimiento, antes de que el problema llegue a tener consecuencias fatales.

En conclusión, la sociedad debe concienciarse de la importancia de los estudios geotécnicos para garantizar la estabilidad de cualquier tipo de construcción. También debe recordarse la necesidad de contar con profesionales con las competencias necesarias en la materia.

Referencias

Autor del artículo: David Ostáriz Falo

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